El origen etimológico de las palabras nos ayudan a comprender qué significan. DIÁLOGO, proviene de la palabra griega DIALOGOS, la cual está compuesta por: DIÁ, a través de… y LOGOS, palabra, discurso.
Un diálogo puede darse entre dos o más personas, incluso, una persona puede dialogar consigo misma.
Para comunicar y exponer creencias y opiniones, para darnos a conocer, etc., necesitamos recurrir al diálogo.
Cuando dialogamos, no hay lugar para la discusión, donde cada uno trata de imponer su punto de vista. El objetivo aquí, es salir vencedor. Persuadir o convencer a alguien no tiene sentido, ya que si algo es correcto para nuestro interlocutor, no es preciso convencerlo de nada.
En cambio, cuando hablamos con otra persona o en un grupo, nadie elige ganar sino conocer al otro. Si compartimos nuestras opiniones sin animosidad, es probable que seamos capaces de pensar juntos, lo que no sería posible si agotáramos nuestra energía en defender puntos de vista propios.
Lo esencial es lograr compartir juicios, creencias, y escuchar las de los demás; eso lo lograremos sólo a través del diálogo. Es el modo de abrirnos a respetar a los otros. De este modo, tendremos la posibilidad de transformarnos individual y colectivamente, a nivel de conciencia, a través de la verdadera forma de comunicación que se llama "diálogo”.
No habrá amor si no podemos comunicar y compartir nuestros significados.
El compañerismo, la amistad, la unión, crecerán más y más si nos comunicamos.
¿Realmente comprendemos ésto? Sólo internalizando esta idea, estaremos vivenciando la verdadera comunicación.
Susana Olmos
Consultora Psicológica
lunes, 4 de agosto de 2008
sábado, 2 de agosto de 2008
¿Qué es el miedo?
Cuando hablamos de MIEDO, sería bueno referirnos al cerebro, que es el lugar de nuestro cuerpo donde éste se origina.
La parte responsable de nuestras emociones, es el sistema límbico y, formando parte de él, se halla la amígdala que es la encargada de la comprensión emocional de los estímulos que recibimos.
Cuando creemos que una amenaza inminente pone en peligro nuestra integridad reaccionamos debido a que el miedo provoca una reacción DEFENSIVA; la cólera, una reacción OFENSIVA (ataque) y el deseo, una reacción de NUTRICION. A nivel corporal, como el miedo es una emoción primaria, tenemos claros indicios físicos de lo que estamos sintiendo: taquicardia, sofocación, aumento del ritmo respiratorio, alta presión y sensación de desasosiego, entre otros. Es el modo que tiene el cuerpo de ponernos en alerta. Es entonces, un mecanismo natural de defensa.
Sucede que también el miedo puede paralizarnos, lo que no es bueno. Debemos reconocerlo para que esto no suceda. Sobre todo, cuando el peligro que percibimos es imaginario. Cuesta saber a qué le tenemos miedo y también cuesta mucho manejarlo. Pero,
cuando hacemos estas cosas conscientes, podemos empezar a trabajar sobre nuestros miedos.
Sería bueno autoanalizarnos y descubrir
¿A qué le tengo miedo?
¿Qué creo que hay detrás de este miedo que siento?
¿Qué síntomas me provoca?
¿Soy consciente de que siento este miedo?
¿Necesito ayuda?
El miedo es altamente positivo cuando nos preserva y negativo, cuando nos paraliza impidiéndonos disfrutar y ser nosotros mismos.
Depende de cada uno y de su experiencia de vida, tomarlo como un recurso que nos beneficia o como un escollo en el camino que no nos permite avanzar hacia nuestra realización.
Hasta pronto.
Susana Olmos
Consultora Psicológica
La parte responsable de nuestras emociones, es el sistema límbico y, formando parte de él, se halla la amígdala que es la encargada de la comprensión emocional de los estímulos que recibimos.
Cuando creemos que una amenaza inminente pone en peligro nuestra integridad reaccionamos debido a que el miedo provoca una reacción DEFENSIVA; la cólera, una reacción OFENSIVA (ataque) y el deseo, una reacción de NUTRICION. A nivel corporal, como el miedo es una emoción primaria, tenemos claros indicios físicos de lo que estamos sintiendo: taquicardia, sofocación, aumento del ritmo respiratorio, alta presión y sensación de desasosiego, entre otros. Es el modo que tiene el cuerpo de ponernos en alerta. Es entonces, un mecanismo natural de defensa.
Sucede que también el miedo puede paralizarnos, lo que no es bueno. Debemos reconocerlo para que esto no suceda. Sobre todo, cuando el peligro que percibimos es imaginario. Cuesta saber a qué le tenemos miedo y también cuesta mucho manejarlo. Pero,
cuando hacemos estas cosas conscientes, podemos empezar a trabajar sobre nuestros miedos.
Sería bueno autoanalizarnos y descubrir
¿A qué le tengo miedo?
¿Qué creo que hay detrás de este miedo que siento?
¿Qué síntomas me provoca?
¿Soy consciente de que siento este miedo?
¿Necesito ayuda?
El miedo es altamente positivo cuando nos preserva y negativo, cuando nos paraliza impidiéndonos disfrutar y ser nosotros mismos.
Depende de cada uno y de su experiencia de vida, tomarlo como un recurso que nos beneficia o como un escollo en el camino que no nos permite avanzar hacia nuestra realización.
Hasta pronto.
Susana Olmos
Consultora Psicológica
viernes, 1 de agosto de 2008
Secretos
Son pesados, difíciles de sobrellevar. Amordazan, no dejan respirar. Silencio y sospecha, no se llevan bien. Hijos secretos,"queridas", muertes disfrazadas, cosas que no deben blanquearse, que no deben saberse porque sino, ¡¡tiembla la familia!!!
Los secretos conspiran contra el grupo familiar: causan angustia, se guardan en el fondo de un cajón oscuro. A pesar de todo, se intuyen pero no se dicen. En toda familia es probable que se guarde celosamente un amenazador secreto: se calla, se tapa para evitar dolor, pero a la larga crea penas aún más grandes.
No termina ahí, según Las Constelaciones Familiares creadas por Bert Hellinger, un hecho silenciado en una generación, puede literalmente estallar en las siguientes.
¿Cómo revelar este secreto tan celosamente guardado por tanto tiempo? ¿Quién lo pondrá en palabras? ¿Cuándo se revelará? ¿Cómo? Es recomendable prestar mucha atención al momento, a quién se va a revelar lo oculto, y cuánto, el que escuche, está preparado para saber. Son factores relevantes para tomar una decisión tan importante: para el que escucha y para el que revela.
¿Qué pasa con aquéllos que crecen en un mundo de secretos? Lo ocultado, tiene efectos traumáticos en los que fueron privados de su derecho a la verdad: malestar general, conductas desadaptativas, ataques de pánico, enfermedades graves, etc.
Puede que el secreto muera con su custodio, o puede que reaparezca un hecho sepultado, puede que algo silenciado se verbalice, todo es posible. Lo cierto es que se ha comprobado y estudiado tantas veces, que los secretos no lo son tanto porque pesan, influyen, dañan. Se sienten. Están presentes, aunque no se digan. Hacen mal.
Susana Olmos
Consultora Psicológica
Los secretos conspiran contra el grupo familiar: causan angustia, se guardan en el fondo de un cajón oscuro. A pesar de todo, se intuyen pero no se dicen. En toda familia es probable que se guarde celosamente un amenazador secreto: se calla, se tapa para evitar dolor, pero a la larga crea penas aún más grandes.
No termina ahí, según Las Constelaciones Familiares creadas por Bert Hellinger, un hecho silenciado en una generación, puede literalmente estallar en las siguientes.
¿Cómo revelar este secreto tan celosamente guardado por tanto tiempo? ¿Quién lo pondrá en palabras? ¿Cuándo se revelará? ¿Cómo? Es recomendable prestar mucha atención al momento, a quién se va a revelar lo oculto, y cuánto, el que escuche, está preparado para saber. Son factores relevantes para tomar una decisión tan importante: para el que escucha y para el que revela.
¿Qué pasa con aquéllos que crecen en un mundo de secretos? Lo ocultado, tiene efectos traumáticos en los que fueron privados de su derecho a la verdad: malestar general, conductas desadaptativas, ataques de pánico, enfermedades graves, etc.
Puede que el secreto muera con su custodio, o puede que reaparezca un hecho sepultado, puede que algo silenciado se verbalice, todo es posible. Lo cierto es que se ha comprobado y estudiado tantas veces, que los secretos no lo son tanto porque pesan, influyen, dañan. Se sienten. Están presentes, aunque no se digan. Hacen mal.
Susana Olmos
Consultora Psicológica
miércoles, 30 de julio de 2008
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